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El humedal más grande del Ecuador acaba de ser reconocido como Humedal de Importancia Mundial.

Dos de las áreas protegidas más importantes del Ecuador ahora son parte de algo más grande: el complejo de Humedales Cuyabeno- Lagartococha- Yasuní, que acaba de ser incluido en la lista de Humedales de Importancia Internacional por parte de la Convención RAMSAR. Una parte importante de la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno, y del Parque Nacional Yasuní, conforman las más de 770,000 hectáreas de este complejo de humedales, creando un importante corredor de conectividad entre las cuencas de los ríos Aguarico, Lagartococha, Napo y Yasuní.

El proceso detrás de este logro ha sido largo. Desde el 2014, WWF-Ecuador, junto con el Ministerio del Ambiente y el apoyo de WWF-Alemania y las comunidades locales, han trabajado arduamente para incorporar este lugar a la lista de sitios Ramsar existentes en el Ecuador, pues el levantamiento de información de un área tan extensa requiere de mucho tiempo y dedicación. Finalmente, el 24 de agosto de este año, la Convención Ramsar reconoció oficialmente al complejo de humedales Cuyabeno-Lagartococha-Yasuní. Esto cambia drásticamente la situación de los humedales protegidos en el país, pues se incorporan 770,000 hectáreas, a las 290,815 hectáreas de área total entre las 18 zonas ya existentes, lo cual convierte a este complejo de humedales, el número 19, en el más grande del país.

A pesar de que la importancia de esta región ya ha sido reconocida anteriormente, esta declaratoria revela un aspecto transcendental de la Amazonía: su importancia hídrica. Esta zona de humedales está formada por centenares de ríos, riachuelos, pantanos y lagunas, que forman un complejo sistema acuático interconectado; dinámico y cambiante según las condiciones meteorológicas.

Esto lo convierte en un ecosistema con una enorme biodiversidad, tanto en flora como en fauna: más de 200 especies de anfibios y reptiles, 600 especies de aves y 167 especies de mamíferos habitan allí. Muchas de ellas se encuentran amenazadas como el emblemático delfín de río, la nutria gigante y el manatí. Sorprendentemente, el número de especies de peces es aún indeterminado, pero algunos de ellos, como el paiche y el bagre de río son elementales en la dieta de las poblaciones locales. Además, la palma de Moriche o Morete, especie que crece en zonas inundables, también brinda recursos a las poblaciones amazónicas. Más allá de proveer alimentos, los humedales también juegan un papel importante en la movilidad e interconexión de las comunidades del sector. La vía acuática es el principal modo de transporte, permitiendo que las comunidades puedan intercambiar productos entre sí y con otras poblaciones más alejadas. Pero por estas vías no solo se mueven los locales, y es que los ríos amazónicos también brindan acceso a los miles de viajeros que llegan cautivados por uno de los mayores atractivos turísticos del país.

Sin embargo, el mayor impacto positivo que este ecosistema genera, se da mucho más allá de la zona en la que se encuentra. Humedales como este tienen un papel fundamental en la regulación del clima. El agua que se evapora viaja hacia los Andes, convirtiéndose en lluvia en la serranía ecuatoriana. Y es justamente este proceso el que hace que la Amazonía, gracias a sus complejos sistemas hídricos, tenga importancia mucho más allá de sus fronteras geográficas, teniendo un papel protagónico en la regulación del clima mundial y la mitigación del cambio climático.

Este reconocimiento internacional nos compromete aún más a seguir trabajando en la conservación de estos importantes ecosistemas, logrando que perduren también los infinitos beneficios que brindan al ser humano, tanto a nivel local como global.